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Mis Experiencias en la Educación de Personas Sordas e Hipoacúsicas





Lengua de Signos Española

ESCUELA Y DISCAPACIDAD
El cambiante entorno en que vivimos afecta a la escuela en primer lugar como proveedora de una base sólida para formar ciudadanos en cuyas manos se encontrará nuestra sociedad en un futuro. Esta preocupación se agrava con el hecho de que los valores están cambiando. La escuela ya no es la fuente de toda sabiduría y la fuerza directriz de las tradiciones ha perdido su protagonismo para dar paso a una concepción de la educación totalmente diferente en forma y fondo.
La responsabilidad de los docentes se ha ampliado sobremanera ya que, en muchos casos, y aún cuando nuestra influencia y valor se pone en entredicho, nuestra labor y nuestro ejemplo son los únicos indicadores para orientar a los alumnos y alumnas hacia una formación cada vez más necesaria para afrontar los nuevos retos que la actual sociedad plantea.
La tarea de imbuir no sólo conocimientos e información, sino la manera de seleccionar y acoger de una manera crítica y responsable esa información que nos llega de manera abrumadora a través de todos lo medios de comunicación a nuestro alcance, la idea de pertenecer, no a un pueblo o ciudad o país, en concreto, sino a una comunidad a la que no entendemos, por ser multilingüe, o a la que no comprendemos, por ser de costumbres y manifestaciones culturales, de las que nunca habíamos oído hablar, convierte el panorama de la educación en una tarea que, repentinamente, parece que se nos va de las manos.
Los docentes nos encontramos súbitamente con que los contenidos aprendidos para la realización de nuestra tarea se convierten en un mero referente para el ejercicio de nuestra profesión y que lo verdaderamente complicado es la adquisición de una formación sólida para responder a los nuevos retos que se nos plantean a la hora de dirigir y “enseñar” planteamientos vitales a personas cuyas inquietudes y necesidades son radicalmente diferentes y mucho más complejas que las que encontrábamos cuando nosotros mismos formábamos parte de una clase como estudiantes.
El plurilingüismo es uno de los nuevos retos planteados a las nuevas generaciones que, en muchos casos, no es entendido como esencialmente intrínseco a una educación cambiante e integradora.
El primer paso para educar y formar es fomentar una actitud positiva hacia la apreciación de una diversidad cultural y el interés por las lenguas y la comunicación intercultural.
De la capacidad para la comunicación en la lengua materna, para comprender, expresar e interpretar conceptos, pensamientos, sentimientos, hechos y opiniones de forma oral y escrita en una determinada serie de contextos sociales y culturales de acuerdo con los deseos y necesidades de cada cual, va a depender que la adquisición de otras lenguas se haga de una manera eficaz y motivadora y produzca los resultados esperados.
Todo lo expuesto nos lleva al centro neurálgico de nuestro cometido en el mundo de la enseñanza y que nos crea preocupación por la deficiente aplicación de medidas que deberían estar ahí para incrementar la motivación y hacer efectiva una justicia social y educativa hacia personas que se encuentran marginadas en un entorno que pone trabas a su integración.
Hablamos de las personas con discapacidad, más concretamente con discapacidad sensorial auditiva. Esta discapacidad por ignorada o no entendida se encuentra entre las más difíciles de acometer. Una persona sorda es aparentemente una persona normal en cuanto a la atención educativa se refiere, pero, dependiendo de si la sordera se ha producido antes o después de adquirir la concepción abstracta del lenguaje oral en las estructuras cerebrales, normalmente entorno a los tres años de edad, la comprensión de las estructuras sintácticas del lenguaje oral se van a ver afectadas en mayor o menor grado. La correcta pronunciación, el correcto entendimiento de recursos literarios, como la ironía, tanto en prosa como en verso, especialmente los que se captan por una modulación tonal de la voz, no se llevan a cabo al menos que exista una educación bilingüe desde una edad temprana.
Antropológicamente, un colectivo de personas sordas que se comunican entre sí por medio de una lengua de signos puede ser considerado una comunidad lingüística minoritaria, con una cultura propia. El vínculo social entre los sordos signantes - Comunidad Sorda- suele ser muy fuerte debido, sobre todo, al aislamiento social con respecto a los oyentes, provocado por el escaso conocimiento de su problemática común, o estilo de vida, así como la escasa relación social por motivos de entendimiento lingüístico.
Las personas sordas oralistas, que no usan una lengua de signos, a veces no se reconocen como tales –discapacitado auditivo, hipoacúsico, medio oyente, etc.- y se refieren a las personas que no hablan un lenguaje oral correcto en el aspecto gramatical como “personas sordomudas”. Esta definición se considera peyorativa, ya que las personas sordas “hablan” en Lengua de Signos, por el canal visual.
Las personas sordas consideran que no es mudez, sino un fracaso del método oralista en el sistema educativo en su infancia y juventud..
Las personas sordas oralistas no se reconocen a veces como personas sordas. La problemática de la falta de audición, en mayor o menor grado, no reconocida y la ausencia de un canal de comunicación efectivo, hace que su problemática escolar sea, en muchos casos, severa por la ausencia de medios para fomentar su integración en el aula.
Esta situación llevada a nuestro entorno escolar provoca conflictos de diferente índole:
· Personas Sordas – las mayúsculas indican que han abandonado su educación a edad temprana debido a una falta de medios para una integración efectiva.
· Personas con deficiencia auditiva de diferente grado, integradas en el sistema educativo con grandes dificultades para la comprensión y con resultados mediocresatribuidos a causas intelectuales.

El enfoque del desarrollo incluyente (Inclusive Development) se basa en la comprensión de la discapacidad desde el punto de vista de los derechos humanos, y coloca en primer plano los aspectos de la igualdad de oportunidades y de la participación equitativa de las personas con discapacidades.

La puesta en práctica de un desarrollo incluyente presupone un cambio de mentalidad en los diferentes ámbitos. En el marco de los proyectos específicos para personas con discapacidades se tiene que prestar atención a que los mismos no sean proyectos aislados que tiendan a separar a las personas con discapacidades y no contribuyan a su participación social.
Integración social